Uno de los grandes inventos de la era moderna ha sido el fax. Prácticamente no hay oficina sin uno de estos aparatos y aunque últimamente ha evolucionado bastante, durante muchos años no sufrió modificación alguna. Los primeros fax funcionaban con papel térmico. Bobinas de 30, 50 o 100 metros de papel que respondían al calor del cabezal volviéndose de color negro. Así pues, los antiguos fax no requerían de ningún tipo de consumible más que el propio rollo de papel, que podía vender cualquier distribuidor sin necesidad de tener que recurrir nunca mas al fabricante del fax. Obviamente estos fabricantes no han sido tontos, y hace ya unos cuantos años se dieron cuenta que esta tecnología había que cambiarla. Había que inventarse algo que obligara al usuario gastarse su dinero periódicamente con el pretexto de que el papel térmico era una antigualla. Así se inventó el nefasto fax de inyección de tinta, que además de ser una máquina de gastar dinero, no funcionaba todo lo bien que se esperaba. Luego salieron los basados en tecnología láser, carísimos, para dejar paso a la mayor aberración inventada nunca: la transferencia térmica.

La transferencia térmica consiste en una bobina de un material de color negro en la que habiéndose aplicado calor le transfiere el negro a una hora de papel normal. Este método tiene varios inconvenientes, el principal, el coste por fax recibido. Contrariamente a la tinta o al láser, que gasta mas o menos según la cantidad de negro que tenga el fax que recibamos, la transferencia térmica siempre gasta una lámina A4 sea cual sea la intensidad de lo que recibamos. Suelen tener una longitud de 30 metros, esto es, unas 100 impresiones A4, y el precio por copia de este consumible puede rondar perfectamente los 20 o 30 céntimos. Del antiguo papel térmico nos decían que era nefasto para la oficina porque si queríamos que nos durara tiempo teníamos que hacer una fotocopia, porque con el tiempo se volvía negro. Aún fotocopiando los fax recibidos el coste por copia es muy inferior a estos chismes que nos han colado vilmente.

El emergente mercado del consumible ha hecho que muchas empresas del sector informático se hayan volcado de lleno en él, llegando a acaparar el 50% del total de vendas, y haciéndose un hueco importante en el sector. Y es que el consumible tiene muchos alicientes para ser vendido. El principal es que no tiene RMA. En el ramo informático se valora mucho este hecho, ya que puestos a tener márgenes comerciales bajos, al menos que sean vendiendo cosas que no den dolores de cabeza. Otro aliciente es que ocupa poco espacio físico en la tienda. Por último, y el principal, es que muchos fabricantes de impresoras han tomado la decisión de prácticamente regalarlas a cambio de que les compres muchos cartuchos durante los dos años que como mucho te va a durar.

No sólo los fabricantes de impresoras, fotocopiadoras y faxes vieron un filón en la venta del consumible, sino que la industria paralela fabricante de compatibles también puso en marcha la maquinaria para no perder comba en el mercado. Algunas conocidas empresas se embarcaron en la fabricación de cartuchos compatibles a muy bajo precio pero que a cambio ofrecían una pésima calidad. Más adelante, con la venta masiva de impresoras HP de la serie 600 se puso en marcha otra práctica, rellenar los cartuchos vacíos volviéndose a vender a un precio bastante inferior al original. Funcionar, funcionaban, y con la llegada de la serie 700, 800 y 900 tomó más auge si cabe porque los cartuchos contenían hasta 42 mililitros de tinta y valía la pena rellenarlos porque originales eran caros, pasaban de los 30 euros y vendiéndose a 12 euros ya se ganaban sus dineros. Esta práctica tiene un futuro poco prometedor ya que actualmente los cartuchos originales no valen mucho más de 15 euros, y con contenidos ridículos de menos de 10 mililitros en algunos casos. Por tanto no sale a cuenta ni rellenarlos. Igualmente algunos comercios no se atreven a vender compatibles, por el simple hecho de que también venden impresoras, cuya garantía queda anulada si se estropea por el uso de consumibles no originales.

También se han puesto de moda dado su bajo precio las impresoras láser a color. Algunas de ellas son un auténtico disparate si las analizamos bien. Normalmente el fabricante nos muestra una duración media del toner de, pongamos, 5000 impresiones. Esas 5000 hipotéticas impresiones son una falacia, puesto que se calcula basándose en densidades del 5%. Esto es, si dividimos un A4 en 100 partes y pintamos sólo 5, podremos imprimir de esta forma hasta 5000 hojas. Normalmente las densidades de impresión rondan el 20 o 30%, incluso mucho más si imprimimos fotografía, ¡pero para qué queremos sino una impresora láser a color!. Hay otra cosa que no se comenta, el precio del tambor. El tambor, o “drum unit” no es más que un cilindro gracias al cual se aplica el toner a la hoja, para ser “prensado” posteriormente en la unidad de fusión, dos rodillos a temperaturas elevadas (unos 150 grados o más) donde el toner se solidifica y pega al papel. Pues bien, tanto el tambor, de hecho, los tambores, ya que hay uno por cada color, como la unidad de fusión tienen una vida limitada y son carísimos. Y puede que tengamos que cambiarlos antes de caducar, ya que si se rallan o golpean salen manchas en las copias. El otro día quedaba atónito al constatar que sale bastante más caro comprar los 4 toners (negro, magenta, cían y amarillo), los cuatro tambores (uno por cada color) y la unidad de fusión que comprar la impresora entera. Es decir, que a las 80.000 copias aproximadamente podemos tirar la impresora y comprar otra porque nos saldrá mas barato. Todo un hito en la preservación del medio ambiente.

¿Qué se lleva ahora? Los multifuncionales. Aparatos que hacen de todo pero que no hacen nada bien, y cuyas tintas parece que se evaporen. Dentro de los multifuncionales está tomando mucho cuerpo aquellos con pantalla plana de exposición y toner, ideales para pequeñas empresas que se ahorran comprar una fotocopiadora y que en un sólo aparato lo tienen todo y cuyo coste de copia en algunos casos no supera unos comedidos 3 o 4 céntimos de euro. ¿Qué es lo que viene? Seguramente la tecnología que dará mucho qué hablar es la sublimación. Relegada aún a profesionales de la fotografía, poco a poco se va colando en el mercado doméstico. Cuenta con grandes virtudes, una de ellas la calidad. Es sin duda el mejor sistema de impresión inventado, fíjate tu, basado en cabezales térmicos. Pero actualmente aún sale muy caro y solo las impresoras profesionales tienen unos costes mínimamente aceptables. Y para textos no será nunca un tecnología adecuada.

Lejos de los augurios de algunos iluminados que vaticinaban el fin del papel y de la tinta gracias al correo electrónico y a internet en general, el mercado del consumible es un sector en claro auge. Es por ello que antes de adquirir uno de estos aparatos consume-tintas hay que fijarse muy bien en varias cosas. Qué cartuchos lleva, y sobretodo, cuánta tinta contienen. Este pequeño estudio previo puede ahorrarnos mucho dinero a corto plazo. Muchas otras cosas quedan sin comentar en este texto, como la limitación mediante chips de la duración de algunos consumibles, la práctica abusiva de sacar cartuchos nuevos con cada impresora nueva colapsando al comercio con infinidad de referencias que en algunos casos caducan sin llegar a ser vendidas y sin posibilidad de ser abonadas, la tajada que saca la S G A E de los multifuncionales aplicando la LPI, la falsificación de cartuchos de tinta... Pero este texto es ya excepcionalmente largo y será mejor dejarlo aquí.